Ríos

Despiertas. Sin embargo el mundo sigue siendo dominio de la noche. Son tantos los cantos, los chillidos y rumores que no sabes si son solo las aves, esos mamíferos desconocidos que tanto abundan en la espesura o algún tipo de serpiente emplumada evocando otra region. Corres descalzo mientras las piedras se acomodan levemente a la planta de tus pies y no hay dolor, solo un sendero largo que se ve iluminado por tu animal interior  y, al fondo, los primeros trazos del rumor del río, se agita el cuerpo, la suavidad y ternura de un arroyo, el musgo entre los dedos, el cuerpo corriendo y ya la certeza de estar viendo un verdegrís que cubre la superficie del río colmada del rocío de la selva, los dedos de tus pies acarician la superficie, la frescura va entrando en tí, das un leve saludo iniciático, el cuerpo se abre y el agua lo recibe como amamantando el día que recién empieza, el sol hace su parte.
Ese es el río en la mañana.

Al mediodía todo borbotea, todo está desbordado de una calma sonora, el agua se ha enternecido tanto que su tibieza domina tus ganas de volver a tierra, la luz impregna todo con tanta lucidez que en el fondo puedes ver el mapa de la claridad, la certeza de los pequeños peces que se acercan a devorar pequeños trozos de piel en tus pies. Las paredes de árboles miran atentas, en su divertimento, lanzándote de vez en vez uno que otro pájaro para adornar con pinceladas sutiles y las piedras enormes para secar el cuerpo al sol todas las veces sin interrupción, sin contratiempo, con la cabeza recostada mirando como las hormigas desafían una realidad tan enorme con una poderosa simpleza que nubla todo lo racional, una mariposa del tamaño de tu cabeza(aguamarina tornasolada) que te revienta en una sonrisa y el sol domina todo con su batuta grandilocuente.

Cuando se agita la noche el río es ya un ser que vive tanto en su esencia que parece mas caimán, lagarto enorme, más iguana que líquido, no puedes determinar su fondo y sabes que desde allá abajo te están mirando no solo uno sino tantos que hacen que tu mirada vaya hacia el rugido de la corriente contra las piedras, el brillo de la estrellas llena de elegancia el cielo abierto y mientras estás sumergido hasta la barbilla esperas que una caricia leve te estremezca la existencia y salgas a buscar una de esas piedras enormes desde donde mirarlo para seguir el juego, para buscar por dónde cruzarlo, o para tener mejor lugar desde donde ver el cine estrellado con la banda sonora tronando con delicadeza contra las piedras.

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